Que se me vayan las tonterías y las desazones idiotas, que me quiten las manías y las rabietas estúpidas, que se marchen miedos, temores y resquemores, que me quede vacía.
Necesito quedarme vacía y que sólo te quedes tú, para poder echar a patadas todas mis pesadillas de cama infantil, de esas que se van cuando te dan un beso en la frente y un vaso de leche caliente justo antes de dormir, y que con un peluche al lado sabes que no te atacarán.
Échalas a todas y quédate conmigo, dame la mano antes de dormir, el besito en la frente. Prepara leche, sí, pero esta vez para dos. Tápame hasta el cuello con las sábanas y quédate tú entre ellas. Sé mi peluche todas mis noches, pero no enciendas la luz aquella que dejaba encendida cuando era pequeña porque esta vez sólo quiero tenerte a oscuras, conmigo.
A cambio te prometo desayunos en el balcón, pero sólo si me dejas tu camisa cuando me levante de la cama... sin nada debajo. Puedo ofrecerte muchos amaneceres fríos en los que te abrazaré para que no tiembles, y calurosas salidas de sol donde estiraré las sábanas para que no te levantas del calor.
Puedo ofrecerte restos de pizza de la noche anterior o magdalenas de chocolate, ¡menú a elegir! Quizás te convenza alguna vez de que el ColaCao sabe mucho mejor que el café, aunque prepare café sólo para que te despiertes con su aroma.
Puedo asegurarte despertares entre besos, entre mis besos, con ventanas abiertas y luz a raudales. Oler tu cuello y encontrarme a mí misma en él. Que te robaré las camisas porque me encanta ponérmelas, que llevaré el pelo recogido aunque suelto te guste más, y que lo soltaré si me lo pides.
Y tendrás el desayuno preparado, ¡jurado! Con tu café y mi ColaCao, tus tostadas y mis magdalenas, tomate y mermelada por si te apetece alguna de las dos cosas, o ambas. No me pidas el periódico porque no estará. Estaré yo, y todo un día por delante juntos, y planes improvisados que cumpliremos sin saber.
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